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26/11/2014

El pie de Jaipur, autonomía para medio millón de personas

Este modelo de prótesis indio ha revolucionado la vida de miles de afectados por minas anti-personas y de mutilados pobres en todo el mundo.

La autonomía de una persona en los países con poco desarrollo es vital para poder seguir trabajando y alimentar a la familia. Lamentablemente, muchas personas son víctimas de las minas anti-personas, de las guerras, de las enfermedades y de las picadas de serpiente, causas principales de la pérdida de alguna de las dos piernas.

Asimismo, el coste de una prótesis, como las que usamos en occidente, está fuera del alcance de cualquier familia debido al alto coste que supone su adquisición. Ante esta situación y tal necesidad, la organización Bhagwan Mahavir Viklang Sahayata Samiti (BMVSS) de Delhi lleva 40 años produciendo y distribuyendo de forma gratuita el pie de Jaipur, un invento creado por un artesano y un grupo médico de la India.

El pie de Jaipur es una prótesis de goma, realizada con materiales de bajo coste y con diseño en forma de pie, que permite a muchos mutilados no sólo poder trabajar con total normalidad (allí todo el mundo trabaja y vive descalzo), sinó también correr, pedalear o patinar gracias a la elasticidad del material con que se fabrica. Además, es una solución apta para el descanso –en India la espera se hace en cuclillas- y también para el uso de los retretes locales –sin asiento- o para el rezo musulmán.

Entre 2013  y 2014 se han llegado a producir 464.000 unidades, cifra que nos indica que el año que viene habrá medio millón de personas caminando de nuevo gracias a esta solución ortopédica. Asimismo, el pie de Jaipur es un invento no patentado, favoreciendo de este modo su universalización al tiempo que la expansión a los países más necesitados

Actualmente, la organización BMVSS está trabajando junto a la Universidad de Stanford (EUA) en el desarrollo de la mano de Jaipur, un invento aún en fase de desarrollo orientado a permitir a los pacientes realizar sencillos movimientos con los dedos de la mano.

Fuente: El País