24/03/2015

Cultura y accesibilidad

 

Hace tiempo que queríamos escribir un post sobre Cultura y accesibilidad, concretamente, en torno a las barreras físicas. Son muchos los espacios urbanos catalogados como históricos en los que es frecuente encontrarse con obstáculos que dificultan el tránsito de personas con movilidad reducida o discapacidad. Y es que, la preservación del patrimonio no debe entenderse como sinónimo de barreras físicas.

Adaptar los espacios culturales -tanto públicos como privados- es más que una opción, es un deber social. Hace unos días, en la ciudad de Girona, se inició una campaña de recogida de firmas para garantizar que las personas con movilidad reducida puedan desplazarse sin problemas por el barrio viejo de la ciudad y su inmediata periferia, donde adoquines, bordillos y demás escalones dificultan su día a día.

El caso de Girona, pero, no es el único, ya que es en los cascos antiguos de las urbes donde aparecen este tipo de barreras con mayor frecuencia.

Además, existen otro tipo de obstáculos que se encuentran en los espacios culturales y que no se adaptan ya sea por mantener la apariencia del conjunto o por falta de presupuesto. Es el caso de plazas o catedrales, dónde las escalinatas y peldaños suelen ser infranqueables para una silla de ruedas.

La rehabilitación y adaptación de este tipo de espacios no puede posponerse por temas vinculados a temas económicos o estéticos. Existen soluciones en accesibilidad para cada caso y adaptados a cada necesidad. Asimismo, dependerá de los arquitectos y técnicos demostrar suficiente pericia para integrar estos elementos respetando el conjunto.

Sea como sea, es deber de todos como ciudadanos procurar el acceso de las personas con discapacidad a la Cultura. Bien sea por empatía o por compromiso social, cultura y accesibilidad deben ser una realidad y una garantía de futuro.